¡Llega una novela llena de acción y aventuras!
Únete a Kasunaru y sus amigos en sus aventuras. Samurais, ninjas, conflictos y batallas... ¿Cuál es el camino que deben seguir nuestros héroes para convertirse en guerreros valerosos y enfrentarse a sus destinos?
“No se trata de elegir la guerra o la paz. Hace falta un pilar, sobre el cual pararse, entre la guerra y la paz, permaneciendo tranquilo ante ambas, imperturbable en mitad de la tormenta, prevenido contra todo tipo de adversidad. Sin tal pilar, la mejor espada se rompe, el luchador más formidable cae; el guerrero cuya mente y cuyo cuerpo no se mantengan unidos por este pilar, está destinado a fracasar, en la guerra como en la paz, y su felicidad es tan fugaz como tarda un grano de arena en caer de la parte superior a la inferior en un reloj. Al final, sólo el guerrero cuyo pilar es más resistente al paso del tiempo sobrevive, sobreviviendo a cualquier batalla, superando incluso la muerte. Naturales son la guerra y la paz, como la noche y el día; lo excepcional, fundamental para hacer perdurable, sino eterna, la victoria del guerrero, son sus principios, de los que está formado el pilar de su camino y de su vida.”
Memorias de
Hachiman, primer dios samurai
-... Y entonces los Yu del Norte avanzaron sobre el ejército de Takehiko, de los Sakurako del Sur; haciendo gala de su impía e inhumana condición de hombre corrompido, el comandante de los Yu del Norte, Yushi Hiyama, osó saltarse las reglas del juego, y se dio a conocer, casi desnudo, a todo el ejército de su enemigo, encabezados por Takehiko, jefe incluido, lo cual, de no encontrarse en medio de una decisiva batalla, hubiera provocado sin duda la risa de los dos ejércitos; la leyenda cuenta que, estando ambos jefes frente a frente, Hiyama desafió a su contrincante a decidir el destino del mundo en un simple duelo de katanas, sólo ellos dos, evitando más muertes. Takehiko Shikatanima, como no podía ser de otra forma, aceptó, y ambos desenfundaron sendas espadas. Pero algo excepcional e inesperado tomó por sorpresa al líder de los Sakurako del Sur: Hiyama, obviamente, debía tener alguna razón para presentarse casi desnudo a la batalla, esto es, sólo armado con su casco y su peto, además de sus espadas; ante los más de cien mil hombres que se dice se contaban entre los dos ejércitos, aconteció un hecho sobrenatural...
-¿Con sobrenatural quieres decir divino y
hermoso?
-No, nieto mío, era algo espantoso, digamos
demoníaco, no divino. ¿Puedo continuar?
-Sí, lo siento.
-Bien, como decía, se llevó acabo un hecho
terrible y macabro: Hiyama, en efecto, desenfundó, pero su katana no era
normal, no era... una espada cualquiera: se dice que, a juzgar por su aspecto,
no habría sido fabricada por manos humanas; en fin, la hoja estaría rodeada por
llamas infernales que, según cuenta la leyenda, se elevaban hasta el cielo y
volvían noche el día. En menos de dos minutos, el líder de los Sakurako cayó
muerto, de tres cortes mortales, y su cuerpo ardió en la hoja de la katana de Hiyama.
Sin embargo, y contra toda esperanza, alguien más se enfrentó al guerrero
oscuro. Quien salvó al mundo de un tirano tan mal nacido fue, gracias a los
dioses, el vise comandante del ejército recién supuestamente vencido, Ryuji Kuromori,
quien, contando con otro objeto igual de sorprendente que la katana de Yushi Hiyama,
mató de un golpe al terrible enemigo, se dice que con un apuñalamiento, que
dejó una estela de sangre dorada, con lo que se cree era un puñal regalado por
el mismísimo Susanoo, dios de la tormenta, mientras se dice que Hachiman, dios
de la guerra, podría haberle regalado la katana mágica a Hiyama. Finalmente,
los Sakurako se proclamaron vencedores, permitiendo que nuestro actual mundo
surgiera, ahora en paz.
-Pero abuelo, ¿qué pasó con la espada mágica
de Hiyama? ¿Y el puñal mágico de Kuromori? ¿o es que simplemente se
desvanecieron en el aire?
-Es una leyenda, Yusuke, lo más probable es
que esos misteriosos y mágicos objetos de lucha nunca hayan existido, y que
todo se haya decidido en una cruenta y sanguinaria batalla de estos tres
guerreros, nada más.
-Pero entonces, ¿cómo explicas las llamas de
la katana del terrible Hiyama?
-No sé, ¿embriaguez de furor y gloria de los
soldados? ¿Algún eclipse?
-Tiene que ser cierta esa parte de la
historia, abuelo.
-No sé, no sé. De todos modos, Yusuke, ya es muy tarde, y tengo que acostarme si quiero estar bello y bueno mañana. ¿Quién no te dice si incluso llegas a tener razón tú?
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