miércoles, 22 de julio de 2020

Poemas de la era de la COVID-19

En estos tiempos convulsos de incertidumbre y miedo, en una pandemia mundial, no dejamos de escribir sobre lo que sentimos que nos pasa. Por eso publicamos estos poemas, dedicados a la compleja y delicada situación, que no da signos de terminar pronto.

SILENCIO

¿Has visto, mirando por la ventana,
las calles vacías, llenas de fantasmas,
una hoja caída, llevada por la brisa,
el rocío ya viejo, horas pasadas de la mañana?

Dime tú, si has salido
para conseguir lo indispensable, el pan de ayer,
la carne más barata, la más negra papa,
tal vez un tomate, media zanahoria y dos manzanas,
el ladrido de un perro solitario, las hojas sin barrer.

Dime tú, que has crecido
en el interior resguardado de un fresno o de un sauce llorón,
nacido siendo brizna y convirtiéndote en un hermoso gorrión,
si al salir a la intemperie, el silencio te dejó aturdido.

Y dime tú, indefenso gorrión,
si al caminar en la soledad de los parques,
de pronto te has sentido acobardado, al encontrarte
sin pensar con un eco de sordo dolor.

Dime tú, desesperanza recién despertada
tras una noche de pura y sola diversión,
si al volver corriendo de la calle, para acurrucarte en un rincón,
te volviste hacia el espejo, con tal de ver una cara.

Encendiendo de pronto el televisor,
viste tú, sin esperar sorprenderte por nada,
ya no rostros, sino cuerpos metidos en ambulancias,
y crematorios de humo y horror.

Vuelvo a preguntarte, tras el muro que es ahora mi ventana,
si acaso conseguiste ver, desesperadas las naciones del mundo,
pueblos que morían por miles, hora a hora, segundo a segundo,
y fosas comunes, cual trincheras cavadas.

Si así aislados los pueblos has visto, asustado,
te pregunto de nuevo, con la pena arrebujada,
y con la cara entre mis manos enterrada,
cómo la muerte cunde, a la puerta de todos llamando.
¿QUÉ FUE DE LOS CANTANTES?
Dicen que se fueron, que se esfumaron;
dicen que murieron, que se fugaron;
dicen que partieron, pero que nunca regresaron.

Que existieron, en otros tiempos, bajo lunas y sol,
que durmieron el tiempo, acallando un distante dolor;
que luego se fueron, resistiendo la pasión.

Se resignaron a callar por las noches,
se acostumbraron a parlotear durante el día,
se convirtieron en siluetas sombrías
de cuyas voces solo quedan rumores.

Zarparon en barcos de humo,
de nubes blancas como la espuma,
de mantos azules como el mar,
evaporándose al tocar el sol.

Pero dicen que, por ahí, alguno
anda aún cantando, soplando búhos de luz,
el silencio persigue sus notas, la esperanza es su cruz.
NUNCA
Nunca te vi, te oí, te sentí,
nunca esperé, creí, añoré,
nunca me detuve, nunca seguí,
nunca vivir o morir, sólo temer.

Nunca grito, nunca llanto ni debilidad,
nunca derrumbado, vencido, nunca siquiera caído,
nunca emoción, sentimiento ni fragilidad,
nunca una segunda mirada atrás, un segundo latido.

Nunca una duda, pero tampoco una certidumbre,
nunca sino el perro faldero del vencedor,
nunca en el suelo ni en la cumbre,
nunca sino el más inconsciente servidor.

Nunca mancha, tacha o pecado,
nunca nada que se me pudiera reprochar,
nunca odio, tampoco perdón, nunca mojado,
nunca nada que no fuera belleza, bien y verdad.

Nunca inocente, nunca maldad,
nunca riesgo, nunca perdido,
nunca ganancia que no pudiera administrar,
nunca lo indemostrable, lo imposible o lo querido.

Nunca deseo, nunca pasión, amor,
nunca daño, sólo confort y seguridad,
nunca dormido, nunca despierto por ningún horror,
nunca roto o doblado, por ninguna precariedad.

Nunca vivo, nunca moribundo,
nunca muerto, más que muerto incluso,
nunca libre ni recluso,
nunca abierto o cerrado, menos que inmundo.

Nunca niño, joven o adulto,
nunca maduro ni recién nacido,
nunca perro, gato o pulpo,
nunca más que humano, inhumano y perdido.

Nunca perdido ni encontrado,
nunca suelto ni atado,
nunca cuerdo o enloquecido,
nunca dentro del nunca olvido.
CALZADO
Calzadas pantuflas floreadas,
calzadas en pies de gran grosor,
calzadas las botas mojadas,
calzado cada extremo inferior.

Calzar medias desteñidas,
ponerse vestidos vaporosos,
probarse la ropa más fina,
para volver a las medias a trozos.

Calzar, sí, y de manera ordenada,
pie a pie, descalzando botas por sandalias,
pantufla por zapato, bajo una atenta mirada,
sin pausa para un descanso, sin dejar nada atrás.

Calzo entonces la mirada, la piel,
el guante por la media, bufanda por campera,
mano a mano, ojo al pie,
a mano el desinfectante, por si alguien se entera.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario