En estos tiempos convulsos de incertidumbre y miedo, en una pandemia mundial, no dejamos de escribir sobre lo que sentimos que nos pasa. Por eso publicamos estos poemas, dedicados a la compleja y delicada situación, que no da signos de terminar pronto.
SILENCIO
¿Has visto,
mirando por la ventana,
las calles
vacías, llenas de fantasmas,
una hoja
caída, llevada por la brisa,
el rocío ya
viejo, horas pasadas de la mañana?
Dime tú, si
has salido
para
conseguir lo indispensable, el pan de ayer,
la carne
más barata, la más negra papa,
tal vez un
tomate, media zanahoria y dos manzanas,
el ladrido
de un perro solitario, las hojas sin barrer.
Dime tú,
que has crecido
en el
interior resguardado de un fresno o de un sauce llorón,
nacido
siendo brizna y convirtiéndote en un hermoso gorrión,
si al salir
a la intemperie, el silencio te dejó aturdido.
Y dime tú,
indefenso gorrión,
si al
caminar en la soledad de los parques,
de pronto
te has sentido acobardado, al encontrarte
sin pensar
con un eco de sordo dolor.
Dime tú,
desesperanza recién despertada
tras una
noche de pura y sola diversión,
si al
volver corriendo de la calle, para acurrucarte en un rincón,
te volviste
hacia el espejo, con tal de ver una cara.
Encendiendo
de pronto el televisor,
viste tú,
sin esperar sorprenderte por nada,
ya no
rostros, sino cuerpos metidos en ambulancias,
y
crematorios de humo y horror.
Vuelvo a
preguntarte, tras el muro que es ahora mi ventana,
si acaso
conseguiste ver, desesperadas las naciones del mundo,
pueblos que
morían por miles, hora a hora, segundo a segundo,
y fosas
comunes, cual trincheras cavadas.
Si así
aislados los pueblos has visto, asustado,
te pregunto
de nuevo, con la pena arrebujada,
y con la
cara entre mis manos enterrada,
cómo la
muerte cunde, a la puerta de todos llamando.
¿QUÉ FUE DE
LOS CANTANTES?
Dicen que
se fueron, que se esfumaron;
dicen que
murieron, que se fugaron;
dicen que
partieron, pero que nunca regresaron.
Que
existieron, en otros tiempos, bajo lunas y sol,
que
durmieron el tiempo, acallando un distante dolor;
que luego
se fueron, resistiendo la pasión.
Se
resignaron a callar por las noches,
se
acostumbraron a parlotear durante el día,
se
convirtieron en siluetas sombrías
de cuyas
voces solo quedan rumores.
Zarparon en
barcos de humo,
de nubes
blancas como la espuma,
de mantos
azules como el mar,
evaporándose
al tocar el sol.
Pero dicen
que, por ahí, alguno
anda aún
cantando, soplando búhos de luz,
el silencio
persigue sus notas, la esperanza es su cruz.
NUNCA
Nunca te
vi, te oí, te sentí,
nunca
esperé, creí, añoré,
nunca me
detuve, nunca seguí,
nunca vivir
o morir, sólo temer.
Nunca grito,
nunca llanto ni debilidad,
nunca derrumbado,
vencido, nunca siquiera caído,
nunca
emoción, sentimiento ni fragilidad,
nunca una
segunda mirada atrás, un segundo latido.
Nunca una
duda, pero tampoco una certidumbre,
nunca sino
el perro faldero del vencedor,
nunca en el
suelo ni en la cumbre,
nunca sino
el más inconsciente servidor.
Nunca
mancha, tacha o pecado,
nunca nada
que se me pudiera reprochar,
nunca odio,
tampoco perdón, nunca mojado,
nunca nada
que no fuera belleza, bien y verdad.
Nunca
inocente, nunca maldad,
nunca
riesgo, nunca perdido,
nunca
ganancia que no pudiera administrar,
nunca lo
indemostrable, lo imposible o lo querido.
Nunca deseo,
nunca pasión, amor,
nunca daño,
sólo confort y seguridad,
nunca dormido,
nunca despierto por ningún horror,
nunca roto
o doblado, por ninguna precariedad.
Nunca vivo,
nunca moribundo,
nunca
muerto, más que muerto incluso,
nunca libre
ni recluso,
nunca
abierto o cerrado, menos que inmundo.
Nunca niño,
joven o adulto,
nunca
maduro ni recién nacido,
nunca
perro, gato o pulpo,
nunca más
que humano, inhumano y perdido.
Nunca
perdido ni encontrado,
nunca
suelto ni atado,
nunca
cuerdo o enloquecido,
nunca
dentro del nunca olvido.
CALZADO
Calzadas
pantuflas floreadas,
calzadas en
pies de gran grosor,
calzadas
las botas mojadas,
calzado
cada extremo inferior.
Calzar
medias desteñidas,
ponerse
vestidos vaporosos,
probarse la
ropa más fina,
para volver
a las medias a trozos.
Calzar, sí,
y de manera ordenada,
pie a pie,
descalzando botas por sandalias,
pantufla
por zapato, bajo una atenta mirada,
sin pausa
para un descanso, sin dejar nada atrás.
Calzo
entonces la mirada, la piel,
el guante
por la media, bufanda por campera,
mano a
mano, ojo al pie,
a mano el
desinfectante, por si alguien se entera.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario